¿Qué fundamento tiene la fe cristiana que, desde hace dos mil años, reconoce a Jesús como Señor e Hijo de Dios? Esta confesión de fe constituye el centro del cristianismo y, según afirma Walter Kasper, "expresa el dato esencial y el elemento específico de toda la fe cristiana. De dicha confesión depende el que se mantenga en pie o caiga por tierra la misma fe cristiana". ¿Por qué habríamos de seguir creyendo en Jesús si no hubiera sido más que un hombre, aunque se tratara del exponente más sublime de la especie humana? Si Jesús no es el Hijo de Dios, entonces el cristianismo está profundamente pervertido en su esencia. Si Jesús no fuera de la misma esencia que el Padre, nosotros quedaríamos prisioneros de nuestra tremenda soledad humana. Jesús no podría salvarnos y quedarían sin resolver nuestros más profundos problemas. Estas páginas pretenden ser una modesta aportación que se ofrece a quienes deseen recorrer el camino que conduce al luminoso descubrimiento de Pedro en Cesarea de Filipo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16,16)