Este poemario surge de la recreación del personaje Orlando, de la larga tradición literaria de Boiardo o Ariosto, pero inspirado en el más contemporaneo de Virginia Woolf. A los recursos estrictamente líricos de su obra anterior, Díaz Margarit añade la alternancia de Orlando y de un yo múltiple, que se identifica con seres desvalidos de la Historia más inmediata. Orlando se espiritualiza progresivamente hasta alcanzar el estado puro. Las alondras son sinónimos de poema, aire o libertad, a la vez que personajes humanos alados. El desconcierto simboliza la pluralidad de personalidades de la autora, y la duda íntima de reconocer en Orlando una voz más de sí misma. La poeta lucha por encontrar la auténtica identidad de su ser. Orlando pretende ser la síntesis de la raza humana, a la vez que una voz de solidaridad y denuncia que se intensifica a medida que avanza el libro.